viernes, 24 de agosto de 2007

ANTAÑO HOGAÑO (10) INJUSTICIA: Cualquier parecido es mera coincidencia


En algunos países, en diferentes tiempos, es fácil encontrar en alguna institución, un espécimen supuestamente gerencial, cuya histología demuestra que está constituido por cuatro tejidos:




  1. Acero inoxidable o hierro colado, lo que se traduce en un personaje inflexible e insensible (excepto para lo que le beneficia).


  2. Árbitro de fútbol, porque sus decisiones son absolutamente irrevocables.


  3. Papa, por la infalibilidad perpetua y de


  4. Toalla sanitaria femenina, pues suelen ser muy apegados a las reglas.

En esa hipotética institución, esos nefastos directivos, por extraña coincidencia, son casi todos del mismo fenotipo (morenos, caribeños o centroamericanos y de baja estatura), la gran mayoría presumen de ser de izquierda, pero cobran con la derecha, actúan como ciclistas, pues siempre se agachan arriba y pedalean abajo, pertenecen a la misma camarilla, lo que les garantiza protección colegiada, son de memoria selectiva y han decidido no decidir.

No pasaría nada con la sola existencia de esos señores feudales o pequeños príncipes, pero el problema es que ante cualquier persona que piense y además hable, que en forma natural reaccione ante la injusticia, sin importar a quien esté dirigida, ellos enfrentan los argumentos de la razón con el contundente argumento del poder. Manejan la institución como un rancho particular y practican impunemente el acoso laboral.

Una hija sensible, que desde lejos percibe esta iniquidad, ante la impotencia de no poder resolver esta problemática, escribe un bello pensamiento, que Papábeto no quiere dejar en el olvido.

De una hija para su padre

Me conmueves papá ante las injusticias,
en los días cansados, con tanta malicia,
en la separación de todos estos años,
ante la nostalgia de mis hermanos.

Me sorprende así mismo tu firme grandeza,
como te maravilla la naturaleza,
el haber recorrido siempre un camino recto,
con la firme consigna de hacer lo correcto.

Como admiramos tus pasos, lo que has sido,
pero todavía hay algo que yo mas admiro:
en lo que te has convertido día con día,
tú no acumulas años, sino sabiduría.

En este mundo injusto de compra y venta,
a ti te ha importado la beneficencia,
¡si te has dedicado a acumular!
para así tener algo más que regalar.

Obtienes entonces lo que tu más quieres,
la satisfacción de ser quien tú eres,
exaltas al hombre, también tu altruismo,
exaltas tu patria y te exaltas tu mismo

Puedo decir que yo si te conozco,
y por eso ¡te juro que te reconozco!
con el sentir que puede tener un hijo,
te digo papá que así yo te elijo,
una y otra vez sin mentir:
en el mejor ejemplo a seguir.

Si los años te alcanzan y estas muy cansado,
tus hijos verán que te sientas cuidado,
yo te llevare por esa cuesta arriba,
como tu me has apoyado en toda mi vida.

Aunque tus ojos no vean claramente,
yo veré por ti de forma vehemente,
aún el caso de que tú fuerza falle,
iremos del brazo cruzando la calle.

Así tu memoria se desvanezca
y la terquedad en ti prevalezca,
te juro papá yo te cuidaré
cual tú me cuidabas cuando era un bebé.

Y pasan los años, yo aprendo y crezco,
también reconozco cuanto te agradezco,
padre, maestro y amigo,
aquí esta lo nuestro: nosotros estamos contigo.

Procura leer esto muy despacio,
pues yo te querré sin tiempo ni espacio,
ser un buen padre tiene su secreto
y es sobreponerse ante cualquier reto.

Te lo dice tu niña que ya es una señora,
pero todavía ¡como ella añora!
cuando era tu niña la más pequeña,
que hoy por ti se inspira en tierra salvadora.

1 comentario:

Fernando Rojas Mejía dijo...

La niña mas pequeña, el hijo mas distante, es mi nuera. No sabia de escritos que manifestaran su sensibilidad. !Bienvenida! a la producción intelectual que hoy enriquece a su madre y a su padre. Esperamos mas productos, este es excelente.