sábado, 1 de diciembre de 2018

TRAZOS AUTOBIOGRÁFICOS I 37 1979

Excursión familiar a la presa de Tucuato en Michoacán.


En una de tantas reestructuraciones, dictadas por los genios de las oficinas centrales,  me trasladan a la nueva Unidad de Medicina Familiar No. 21 para ponerla en marcha, ejerciendo como Jefe de Departamento Clínico. Es ahí donde como profesor titular dirijo el Primer Curso Monográfico de Medicina Familiar, mismo que siguió impartiéndose por dos años, cuyos documentos de apoyo fueron la base para la publicación del primer libro hecho por egresados de la Residencia de Medicina Familiar.
A los 33 años de edad me llama el Dr. Ernesto Díaz del Castillo para anunciarme que sería promovido a director; generalmente los directores novatos dirigen clínicas de la periferia, lo mejor que podía ofrecerme era la clínica 9 de Mixcoac, pero yo le pedí la oportunidad de dirigir la UMF 21 que no solo era grande y nueva, sino que estaba considerada para ser una vitrina por sus características arquitectónicas, por otro lado también se aspiraba a que fuera la Clínica Modelo del Sistema.



No me contestó de inmediato, pero habló después para darme su anuencia, sin embargo no fijó fecha; la espera fue prolongada y angustian, todos los días recorría la Unidad con mente de director, pero los observados estaban a muy lejos de imaginar que estaban siendo minuciosamente escrutados.
Ya tenía el discurso de toma de posesión, todos los días lo tomaba de nuevo hasta que fue un papel arrugado, en el establecía "cinco serán las políticas de mi dirección: El derecho de uno termina donde inicia el derecho de los demás, el respeto se gana según grado de cumplimiento de las obligaciones, la libertad se obtiene  en base al grado de responsabilidad, debemos evitar reprocesos  preguntándonos porqué nunca tenemos tiempo para hacer las cosas bien y si lo tenemos para hacerlas dos veces, otorgaremos siempre atención con calidad, oportunidad y cortesía; en síntesis lograremos la excelencia con acciones continuadas y anticipativas". 



Como director de la UMF 21

Al llegar mi toma de posesión, el 26 de noviembre de 1979, dos son mis primeras acciones como director: Llamo al conmutador haciéndole saber a la operadora la importancia de ese servicio que es la cara de la clínica 21 y senté al administrador en la oficina afirmándole que de ahí en adelante solo habría un jefe, ese reía yo porque un organismo con dos cabezas es un monstruo y una de ellas tendría que cortarse y no sería la mía.
Recibo la oficina del Dr. Jorge Rivera Villasana, mi gran amigo, en el caso especial y único, que fuimos mutuamente jefe y subordinado, siempre con una relación extraordinaria.



Foto familiar con mis queridos padres.


Con Cucú.