martes, 13 de mayo de 2008

ANTAÑO HOGAÑO (45) XALAPA "la bella": Cada día mas Bella.

Cucú Abuelita tiene profundas raíces xalapeñas, es por eso, que aprovechando la visita de Beto, nuestro hijo que radica en la República Dominicana, que nos sirvió de conductor estupendo, decidimos visitar la Capital del Estado de Veracruz situada en la faldas del cerro de Macuiltépetl en la Sierra Madre Oriental , a una altura de 1,427 metros sobre el nivel del mar.

Iniciamos el recorrido de los 330 kilómetros que separan nuestro domicilio de Xalapa (En 1978 la Legislatura Veracruzana autorizó el uso de la grafía X) en un tormentoso recorrido por el oriente de la Ciudad de México, constatando que ha habido grandes cambios: Antes esta zona era despoblada, no contaminada y fea; ahora es aglomerada, contaminada y más fea.

Tomamos la Autopista a Puebla, que por un largo tramo muestra árboles grises y polvorientos en medio de una mancha urbana que atosiga. El trayecto comprende los Estados de México, Puebla, Tlaxcala y Veracruz.

Mi primera sorpresa, la Autopista Amozoc-Perote, que por estar inconclusa, nos hizo cruzar "Malpaís", en donde nos sorprendió una tormenta huracanada, que practicamente nos cerraba el camino. Confieso que mi primer pensamiento fue recular, pero Beto no se amedrentó y después de un estratégico repliegue para comer, siguió con toda ventura hasta llegar a Xalapa.

Apenas se toca tierra tlaxcalteca y durante todo el trayecto a Xalapa, es frecuente encontrar venta de litchis, que según nos dijeron, son cosechados en Martínez de la Torre, Veracruz. Los paisajes mas bonitos, sin duda fueron los que vimos en Veracruz, iniciando por Las Vigas, que pudimos apreciar por la inusual ausencia de niebla, y terminando en la propia Xalapa, con escenas bucólicas casi alpinas.

Al terminar la tarde ya estábamos en el Centro Histórico disfrutando de su Catedral, Palacio de Gobierno y Parque Juárez. Claro, lo más emotivo, el reencuentro de las añoranzas de Cucú, con sus recuerdos de infancia en la tierra que la vio nacer.

Recorrimos el sitio en donde estuvo el almacén de su abuelo, denominado "El Famoso 17", las casas de sus abuelos, la de Lucio y la de Juárez, el negocio y casa habitación de su tío Domingo y los sitios que recorrió como estudiante y como pariente de medio Xalapa.

Emocionada, rogó por el bienestar de su familia y por la felicidad de todos los Jaime Villaseñor, al pie del monumento conmemorativo y tumba del recién canonizado Santo, Monseñor Rafael Guizar y Valencia, Obispo de Veracruz.

Nos alojamos en cómodo y céntrico hotel en la calle Juárez, justo enfrente de la casa de los mil recuerdos infantiles de Cucú, instalación que fue visitada por todas sus amigas de la niñez, a quien aún recuerda cuando disfrutaban de la alberca de los Kuri Lajud.

No podíamos ir a dormir sin antes degustar los tradicionales antojitos del lugar: Las gorditas picadas y las garnachas, acompañadas de un refrescante vaso de zarzaparrilla (bebida obtenida de las raíces de una planta con acción depurativa, diurética y sudorífica).

Nuestra primera gran impresión, una Ciudad limpia, organizada y segura; a juzgar por la casi ausencia de basura, graffitis, anuncios espectaculares; rejas, guardias de seguridad y calles cerradas al tránsito.

A la mañana siguiente, me apersoné al Mercado Jáuregui para adquirir los cada vez mas famosos mangos de Actopan, incluyendo el mango niño, y Mole almendrado de Xico; cruzando además el idílico Puente Xallitic que tiene cuatro grandes arcos de medio punto.

Paseamos por los callejones de Los Rojas y el Diamante, desayunando suculentamente en VIPS, donde nos sirvieron un espectacular "desayuno colonial" con pollo fresco, a la vez que panes dulces de la mejor confección y calidad.

Un paseo más, para desde el mirador del Parque Juárez, apreciar porque ya son mas de medio millón de habitantes en este Centro Urbano.

Cucú no quería molestar a ningún familiar, porque llamarlos era sinónimo de que nos invitaran a su casa y cambiaran radicalmente sus actividades previstas; pero el destino manda, y visitando un café en el Callejón del Diamante, se encontró a un primo, Alfonsoo Lajud, con beneplácito de ambos. La conversación fue un verdadero censo, cuantos, donde y que hacen cada pariente, todos producto de la inmigación libanesa a esta próspera región.

Visitamos el Paseo de los Lagos, su quietud como remanso, nos dio más ánimo espiritual; recorrimos la Avenida Murillo Vidal, sus camellones y orillas arboledas, llegando a espectacular conjunto comercial con almacenes de fama y prestigio nacional.

Antes de que llegara el tradicional chipi chipi y que se hiciera tormenta, todavía pudimos admirar el Fraccionamiento Las Ánimas en donde se combinan las grandes y lujosas construcciones habitacionales con el feraz paisaje, que en conjunto producen la mejor de las sensaciones visuales.

De regreso, inmediatamente después de comprar en Las Vigas una bolsa de ciruelas rojas, de pronto ya no pudimos ver la carretera, pues una densa niebla lo cubrió todo. Con cuidado y pericia Beto nos llevó a Perote a comprar jamón envinado y el fino jamón serrano.

Casi al caer la tarde entramos a la Ciudad de Puebla, pasamos por su Plaza Central, todo en orden, todo tranquilo. Recorrimos varias calles hasta llegar a un Megacentro Comercial, Angelópolis, con toda modernidad y a todo lujo, en donde cenamos opíparamente.

Para regresar, apreciamos el Periférico de Puebla que nos llevó hasta la Autopista. No sin algunas dificultades menores por el tráfico, pero más por la lluvia, llegamos por fin a nuestro destino en la Ciudad de México.


EPÍLOGO: Después de vivir casi veinte años en el extranjero, en las últimas semanas he tenido oportunidad de apreciar los signos de progreso y la obra pública en Toluca, Saltillo, Monterrey, Xalapa y Puebla, ciudades con gran brecha antes de mi partida y que ahora no solo han alcanzado en algunos rubros a la Ciudad de México, sino que incluso la han superado, pues nuestra Ciudad con sus marchas, bloqueos, buhoneros, acumulación de basura e inseguridad parece regresar a etapas cavernarias.

La única explicación plausible de esta desagradable situación parece ser los malos gobiernos que padecemos desde hace una década en esta Ciudad Capital de México.

¿Alguien tiene otra explicación?

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2 comentarios:

Humberto dijo...

Un viaje muy emotivo, me sentí gratificado de dar este regalo de día de las madres a Cucú.

Saludos.

Beto.

Anónimo dijo...

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