domingo, 16 de septiembre de 2007

ALARID(os) VII Y gritos.


Conforme al compromiso adquirido, se llevó a cabo, con todo éxito, la fiesta mexicana, organizada, por cierto muy bien, por las hermanas Maurita y Ninina Alarid, apoyadas por su familia y a prudente distancia por Pepe Luis.

Esta se llevó a cabo en el espacioso salón de fiestas Gaby, con la asistencia de tres generaciones Alarid, todos disfrutamos de un excelente ambiente de amistad y gozamos de exquisitos platillos, ¿de la cocina francesa?, como nopalitos, pollo en mole, chicharrón en salsa verde y otras delicias, por supuesto con abundantes tortillas. No faltaron las bebidas, tequila para los y las patronas y refrescos para los más zanahorias, como se le dice a lo más sanos en Venezuela.

Las organizadoras nos proveyeron de un “kit de fiesta patria” consistente en trompeta, espantasuegras, serpentinas y un hirsuto bigote.


El motivo principal del festejo Alarid, conmemorar el CXCVII aniversario de la proclamación de la Independencia de México, por el Cura Miguel Hidalgo y Costilla (por cierto ancestro de Cucú abuelita), quien a las dos de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, en Dolores, Guanajuato, tomó el estandarte con la Virgen de Guadalupe como bandera, golpeó la campana de la iglesia y gritó "¡Viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!".


Aquel gesto quedó institucionalizado en 1866, cuando Maximiliano de Habsburgo, el efímero emperador de México, lo repitió en el mismo escenario que había elegido el cura Hidalgo. La tradición popular al respecto, desde hace 141 años, es dar “el Grito de Independencia”, actualmente el 15 de septiembre, porque Porfirio Díaz cambió la fecha para hacerla coincidir con el día de su cumpleaños.


El principal festejo del “grito” en el país, se lleva a cabo en el Zócalo, como coloquialmente conocemos los mexicanos a la Plaza Mayor de la Ciudad de México, por cierto llamada así porque ante el proyecto de Antonio López de Santa Anna, en 1843, de erigir un magno monumento a la independencia, como una obra fastuosa y exagerada, que nunca se pudo llevar a feliz término, pues solo se terminó la base o zócalo, la cual permaneció durante varios años hasta que fue retirada. La gente decía: "nos vemos en el zócalo". Y así se le quedó. Por extensión, en casi todo el país se llama "el zócalo" a las plazas principales de cada ciudad o población.


Alejados de la actual disputa territorial por el Zócalo, entre el Gobierno Constitucional y los crispados grupos de rijosos radicales, decidimos dar nuestro propio grito, de tal forma que sin ningún merecimiento especial, pero con la promoción mis nietos, fui llamado para darlo en nombre de toda la familia Alarid.


Aunque sabía que bajo ningún criterio me correspondía esta deferencia, ya que el argumento más contundente de mis primos, fue que de chico yo decía que iba a ser presidente, debió haberse elegido a uno de los organizadores, feminizado el evento pidiendo que lo diera alguna prima o bien utilizando el parámetro de la antigüedad, designar un decano entre los primos con más años juveniles.


De todas formas lo hice de muy buen talante, con las imperfecciones inherentes a mi humildad franciscana. Enarbolé el lábaro patrio y agitando la bandera tricolor de lado a lado, conminé a la audiencia a expresar vítores por los héroes de la independencia, culminando con tres Viva México, que retumbaron por todo el salón de fiestas.


Gracias a todos por hacer de esta una noche memorable y reitero mi respeto y admiración por todos los que colaboraron para hacer de ésta una fiesta lo más divertida.

Asistentes al festejo:

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